La escuela y la familia

Tradicionalmente, la familia y la escuela han sufrido una relación de amor-odio. Desde hace unos años, la imagen del profesor ha cambiado. El sistema de valores no es el mismo y los niños tienen cada vez más autonomía e independencia. Se ha convertido en “la pescadilla que se muerde la cola”, ya que los maestros culpan a los padres y viceversa. El fracaso escolar actual es la gota que colma el vaso.

En primer lugar, los padres y madres se sienten desorientados y siguen una línea educativa a veces muy diferente a la seguida en la escuela. En la escuela se intentan desarrollar los llamados “ejes transversales”, que están relacionados con la convivencia en paz, la salud, educación vial, etc. Pero si estas directrices no son consensuadas, es muy difícil que los niños tengan claro qué tienen que hacer.

Debe existir coherencia entre la escuela y la familia. Por lo tanto, en este artículo se brindan orientaciones para que surjan situaciones educativas y el aprendizaje sea compartido y significativo para sus hijos e hijas. Debemos aprovechar el valor de la escuela, ya que es el lugar por donde pasan todos los niños. Es una institución transmisora de contenidos, pero también de valores. Están formando a los adultos del mañana.

No se pretende que los niños hagan deberes en casa y “a jugar”. A veces son obligados a realizar tareas que no tienen sentido. Es importante jugar y compartir momentos agradables y educativos en familia. Estos ratitos de calidad familiar son los que más valoran los niños.

En casa se dan múltiples situaciones en la que los niños aprenden cosas maravillosas del entorno que les rodea. Uno de estos momentos son las rutinas diarias: desayuno, aseo, higiene, ver televisión, recoger la casa, preparar la comida, etc. Si los niños se acostumbran desde pequeños a realizar estas tareas, se convierten en personas más responsables en la edad adulta.

Los padres pueden participar de manera activa en el colegio. Tienen las asociaciones de padres (AMPAS), el consejo escolar, y las reuniones periódicas. Así tendrían mayor información sobre cómo aprenden, qué les gusta y qué necesitan los niños en cada momento evolutivo. Además, existen escuelas de padres en las que se trabaja a través de situaciones cotidianas. A través de estas actividades se ofrece a los padres herramientas para responder a las distintas situaciones.

Por otro lado, es imprescindible la formación del profesorado. Nadie duda que en la actualidad hay gran cantidad de profesores que no se reciclan. El reciclaje consiste en hacer cursos de innovación dirigidos a ofrecer nuevas tendencias educativas. Esta es la única manera de adaptarse a las nuevas necesidades de los niños.

El tópico dice que todas las personas somos únicos, irrepetibles e intransferibles. Por lo tanto habría dar una respuesta diferente a cada persona. Por un lado, se puede aprender a ser padre y por otro se puede mejorar en la labor docente. Pero todos debemos poner un granito para facilitar la coordinación entre ambos.

Francisco Eusebio Gil Jiménez (Maestro)



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