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De acampada en Garavilla
"El 15, la niña bonita", "línea"; "el 50, pelao", "bingo". De esta forma, jugando a la lotería, pasan el tiempo de protesta en Garavilla los que hasta hace año y medio trabajaban en la penúltima conservera de pescado de Lanzarote. Y es que este amplio grupo de trabajadores permanece unido ante lo que consideran "una injusticia como un castillo". "Seguimos siendo trabajadores de Garavilla; no tenemos la carta de libertad y si queremos cobrar el paro o preparar nuestra jubilación, ante la falta de este requisito indispensable, nos resulta imposible", manifiestan aireados debido a su actual situación. Sesenta días, que se dice pronto, llevan acampados los trabajadores de Garavilla ante su sede de trabajo, ya que, como ellos declaran "todavía somos trabajadores de esta empresa, porque aún no nos han despedido. Son 17 meses en esta situación de incertidumbre y ya nada nos detendrá". De esta movilización continua de 24 horas al día durante dos meses, ellos esperan que la Justicia sea capaz de enderezar un conflicto que les tiene en vilo. A mediados de septiembre, el Tribunal Superior de Justicia de Canarias resolverá la cuestión. Ante esa esperanza, estamos todos unidos para poder hablar de Justicia".
Como buenemente pueden
"Como buenamente podemos". Así es como estos trabajadores van escapando, tras dos meses de acampada a las puertas de Garavilla. "Entre unos y otros, vamos ocupando las horas del día en tumos. Unos pueden a una hora, otros a otra. En general, las mujeres de día y los hombres de noche. Por ahora, todo ha ido muy bien y seguimos con la esperanza de estar juntos hasta el final" dicen. Los calderos, las cafeteras y las cartas se convierten en testigos mudos de la lucha mantenida por estos trabajadores de la penúltima empresa conservera de pescado de Lanzarote, Garavilla, víctima aparente de la crisis de la pesca y del fin del acuerdo con Marruecos. Las horas pasan y el sacrificio por mantenerse día tras día en la puerta de la empresa es cada vez mayor. El bálsamo a esta precaria situación lo aportan todas aquellas personas, que, desinteresadamente, aportan su granito de arena a esta lucha. "Un bizcochón, unos roscones, cualquier detalle, nos ayuda a seguir al pie del cañón". En el acceso a las dependencias de la empresa, coinciden diariamente con aquellos que les han metido en tremendo berenjenal. "Nos vemos todos los días y ni los buenos días", declaran al hacer mención del "trato" cotidiano que mantienen los trabajadores de la empresa con sus administradores. El 7 de septiembre es una fecha crucial para éstos, ya que el Tribunal Superior de Justicia de Canarias emitirá su dictamen sobre el estado administrativo y social en el que ha actuado la empresa.
Subvención que viene, subvención que va
Los trabajadores permanecen durante dos largos meses, "y lo que haga falta", en los accesos de la empresa para protestar por su situación. Mientras tanto los empresarios, según Ramón Pérez Farray representante de los trabajadores por el sindicato CCOO, "han intentando desmantelar la empresa, sacar beneficio y proyectar un posible cambio de uso del suelo de industrial a comercial o residencial: en definitiva, un buen pelotazo administrativo primero, para hacer creer que es imposible mantener una conservera por los fracasos pesqueros con Marruecos, y especulativo después, para poder sacar rendimiento a la apetitosa parcela donde está ubicado Garavilla", estima el sindicalista. Así, según manifiesta Pérez Farray y algunos de los trabajadores concentrados en Garavilla, mucho pescado, -atún, bonito y rayado-, fue sistemáticamente desviado a la peninsula y a Marruecos. "Y para colmo se solicitaron subvenciones para renovar la maquinaria de la industria a través de los fondos estructurales europeos y esas subvenciones concedidas nunca pisaron el suelo de Garavilla", añade el representante de Comisiones Obreras. Así, desde la Viceconsejeria de Pesca, comandada por el lanzaroteño Manuel Fajardo Feo, se han detectado presuntas irregularidades en el manejo de las subvenciones que el Gobierno de Canarias concedió a la empresa conservera Garavilla. En concreto, en relación con una subvención concedida para la adquisición de una maquinaria destinada a ejecutar el descabezado y emparrillado de pescado. Ajuicio de los trabajadores ese equipamiento nunca llegó a la conservera, y sospechan que fue a parar a "cierta empresa de Galicia", como ocurriera con el pescado desviado a la península.
La lucha continuará
Independientemenle del fallo del Tribunal Superior de Justicia de Canarias, los trabajadores no descansarán hasta que les solucionen el problema, uno tenemos intención de abandonar esta lucha hasta que nos solucionen esta injusticia. Llevamos 17 meses sin cobrar, no tenemos carta de despido para buscar otro trabajo y así no podemos seguir", exclaman atemorizados ante lo que les queda por delante. De momento y tal como ellos mismos declaran "confiamos en la justicia" y mantienen la esperanza de que buena parte de sus problemas sea resuelta por los administradores de las leyes, los jueces. Como buen conocedor de los entresijos de los Juzgados, las cosas de palacio van despacio", asegura uno de los trabajadores cuestionado por el futuro. Todos ellos saben que deben ser pacientes ante la trayectoria de lucha que les espera. Por lo pronto, han encendido la mecha de las concentraciones-acampadas sin fin. Primero fueron ellos: luego, los ganaderos ante el Cabildo y en esta última semana la Asociación de Vecinos "El Lagar" enfrentados a las administraciones por la futura instalación de un radar de aproximación en Montaña Blanca.
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