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Agüita, agüita
Mientras que el pasado año los viticultores de Lanzarote obtenían una cosecha que superaba los tres millones de kilos de fruta, el 2001 no resulta nada halagüeño para los agricultores conejeros. La sequía que azota el agro lanzaroteño ha terminado por agotar las parras y este año apenas se obtendrá un millón de kilos en la vendimia. "Arrastramos malos tiempos. Cuando lo habitual ha sido recibir 60 metros cúbicos de lluvia, en lo que va de año sólo se contabilizaron 20 centímetros cúbicos. La planta que hasta ahora sobrevivía gracias a sus propias reservas, ha terminado por resentirse", asegura Alberto López, enólogo de Bodegas La Geria, S.L. No obstante, la problemática actual no afectará a la comercialización ni a la producción de caldos insulares para esta temporada. Expertos y agricultores coinciden en señalar que la amenaza se cierne sobre la próxima vendimia, si continúa la sequía, ya que la escasez de lluvia puede derivar en la muerte de la parra. "La parra no va a tener fuerza para el próximo año. Si llueve, la cosecha será igual o peor. En el caso de que esto no ocurra, podrían morirse hasta las plantas", añade Alberto González, enólogo de Bodegas Timanfaya.
Para hacer frente a esta alarmante situación de cara a los próximos años, el Consejo Regulador y la Primera Institución Insular tienen previsto la puesta en marcha de un sistema de regadío conforme a las características de la tierra, con el fin de mantener la calidad de la uva lanzaroteña.
Cambiar las normas
Con el objetivo de paliar las pérdidas millonarias a las que se enfrenta el sector vitivinícola, desde el Área de Agricultura del Cabildo de Lanzarote se ha diseñado un plan de regadío insular, destinado a que los agricultores, "no dependan de la situación metereológica", tal y como afirma el consejero responsable, Higinio Hernández.
Si bien el reglamento del propio Consejo Regulador establece la prohibición de un sistema de riego, argumentando que de este modo podrían perderse las características de la uva conejera, la técnico de esta entidad, Nereida Pérez considera que la situación les obliga a buscar soluciones. "Todavía sigue prohibido el regadío de las viñas por el reglamento del Consejo Regulador del Vino pero estamos en situación de modificar esta parte. Anteriormente, el Gobierno de Canarias lo descartaba, pero ya han levantado la prohibición y ahora cada Consejo Regulador es el encargado de estipular si se puede o no regar". De hecho, según Alberto González, existe una legislación de la Unión Europea (UE) que en estos casos avala la puesta en funcionamiento de estructuras de riego. «La UE ha aprobado regar las parras, en caso de sequía en cierta época. Es cierto que si riegas puede perderse calidad en el vino. Pero el problema es que esta sequía puede matar las parras, por lo que hay que elegir. En mi caso, prefiero asumir ese riesgo antes de que muera la planta», argumenta.
El Plan Insular de Regadío consiste en establecer unas estructuras de riego en todas las superficies de cultivos insulares, de manera que al mismo tiempo que se garantice la supervivencia de la vid, sea posible mantener la calidad dad de la uva lanzaroteña e incrementar la producción. "Cuando el agua llegue a todas las zonas cultivadas posibilitaremos que las parras estén más fuertes y se podrán conseguir racimos con más cantidad de uva", explica el responsable cabildicio.
En la implantación del Plan de Regadio se deberán tener en cuenta las singularidades del cultivo. La cantidad y periodicidad del riego, la calidad del agua a utilizar las zonas de la parra que tienen que ser regadas y las características de la tierra son los principales factores que condicionan el regadío, a fin de no perder excesiva calidad de la uva.
La voz de los expertos
Optimista ante la puesta en marcha de este Plan, el diputado nacional y propietario de Bodegas Castillo de Guanapay Cándido Reguera, asegura que "bajo determinadas características, regar la viña no sería malo. En cantidades muy pequeñas no perdería calidad el vino y permitiría mantener la viña". Una recomendación ésta sobre la que también insiste el Consejo Regulador. "Con un riego localizado y justo en la época cuando le hace más falta a la parra, en Noviembre y Diciembre, después de la poda, y en Marzo o Abril, ya sería suficiente. Una cuestión importante es el tipo de agua que se va a emplear para el riego. Si son aguas depuradas hay que realizarles un buen seguimiento para evitar posibles infecciones de la viña" , comenta Nereida Pérez.
Otro de los factores que dificultan el riego de las fincas, según el enólogo de La Geria, es la situación geográfica de los viñedos. "Trasladar cubas de agua hasta las viñas afectadas resulta una tarea demasiado complicada, casi imposible. Las fincas situadas en las laderas de las montañas no tienen acceso que facilite el riego y tampoco sería conveniente para la uva. Además, hay que tener en cuenta la edad media de los agricultores, que en la mayoría de los casos son personas mayores que mantienen las fincas por tradición familiar. Por tanto, supondría un esfuerzo personal extra al que muy pocos estarían dispuestos, sabiendo que por cada 200 kilos de uva se pagan alrededor de 60.000 pesetas", explica. A pesar de su pesimismo, estima que el Plan Insular de Regadío significaría un incentivo para el pequeño agricultor de Lanzarote. "El agricultor recibe unas 40.000 pesetas de subvención, una cantidad insuficiente para afrontar los gastos de regadío y mantenimiento de la finca. Lo que ocurre es que si se regala el agua, alguno se animará y buscará la fórmula para humedecer los terrenos" ,añade.
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