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Todos a una
Parecía muy complicado pero al final fue más fácil de lo que se suponía. Encontrar algo que achacar a Alternativa Ciudadana resultaba harto difícil. Ni son corruptos, ni delincuentes, ni tienen pasado oscuro que echárles en cara.
Pero al final los cuatro magníficos, PP, PSOE, PIL y CC han encontrado un motivo:
¡¡ Pero si resulta que son unos gamberros ¡¡
Son unos descarados que pretenden subvertir el orden establecido. Hablan y gritan en los plenos. Llevan pancartas. Responden a las provocaciones. Se atreven a asistir a los plenos de los ayuntamientos donde no residen.
Todos estos hechos son constitutivos, por lo menos, de delito de lesa democracia. Y rápidamente todos los corifeos han repetido: ¡¡ ANATEMA!!
Despacio. Cojamos una balanza y pongamos por un lado a presidentes delincuentes, amantes de las pardelas (fritas), alcaldes con cinco denuncias de la guardia civil, concejales detenidos ebrios y acusados de desacato a la autoridad por mofarse de ella y negarse a soplar, políticos que usan sus cargos para favorecer a sus empresas o las de sus familiares, políticos que desvalijan las arcas públicas para pagarse sus caprichos, políticos que tienen a su familia viviendo del enchufe, alcaldes que aprovechan los plenos nocturnos para saltarse las moratorias, alcaldes que expropian a sus propios vecinos para que se puedan construir no colegios, hospitales o parques sino campos de golf, vividores en general que huyen de sus trabajos y se refugian en la política y la convierten en su forma de vida.
Del otro lado, pongamos a un grupo de ciudadanos que responden a una provocación (yo considero una provocación meter a la guardia civil y policía local en un salón de plenos para retirar una pancarta) y gritan. Gritan. O chillan.
Es que no hay color. Al que grita, al que chilla se le excomulga. Al paredón con ellos. A los otros se les perdona, se les premia, se les aupa a cargos de responsabilidad, se les rie la gracia.
No hay elecciones que borren los delitos.
Mientras que las normas y las leyes sólo sean para que las respete la ciudadanía y mientras que los políticos se las puedan saltar, opino que se tiene el legítimo derecho de saltarse las normas de gritar y chillar y poner pancartas. Ya está bien de que los políticos delincuentes, facinerosos, vividores, trepadores pidan educación, orden, urbanidad y mesura.
Jesús M. de León
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