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Terrorismo de siembra
Es evidente que el terrorismo es un problema de razón, de lógica y moral. Si no todos los que fabrican armamento, hospitales, cocinas, autopistas o transporte más veloz que el buey serían terroristas. Las actividades que se rigen por un cálculo racional, socialmente manoseado como admisible, pueden ser dañinas y hasta mortales de masas, sin que nadie llame terroristas al Consejo de la Unión española de Excplosivos, a los fabricantes de coches y bicicletas… ni siquiera a quienes confeccionan y falsean listas de espera sanitaria, etc.
Lo malo del mal no es la muerte a secas sino su modo de aplicación, voluntaria, para uso político. El modo ese es lo que hay que discutir antes de atacar a nadie ni de declararse inocente de nada. El descabalamiento del lenguaje, tener atrapadas como trapos de bidé las instituciones, micronizar la sociedad más aún, imposibilitar al individuo toda acción individual diversa de la huída, el voto, la asociación alienadísima o el llanto secreto permiten que un estado tan democrático como ¡las Españas! sea a la vez víctima y verdugo, que practique "verdugaje" y victimismo simultáneos, como un genio de fábula, no mato pero quiero el sueldo, me matan, pero en carne ajena.
Atacar Irak alegando la consolidada y 'vieja amiga' tiranía, pactando probablemente la huida del tirano, para implantar allí una democracia condena a manicomio perpetuo a sus autores y horripila a todo el que se entera de que 2/3 del pueblo es fundamentalista, es decir, están vacunados de democracia hasta su llegada al paraíso. Basta visitar sin taparse ojos, nariz ni oídos los países teócratas de Asia, Africa y ciertos enclaves europeos o mixtos, como Istrael, que nunca someterá al civismo su pacto divino militar, y Navarra, o quizá España entera, a su pesar, por enjaezamiento oficial.
Con Irak nos engañaron no sólo en todos los motivos de la guerra, química, biología, armas y amigos, (propaganda cínica de usar y tirar como guano contra el viento), sino en el insoluble porvenir que han sembrado en ese país, verdadera máquina picadora de caos y desdicha.
Vaya mi mayor maldición, lo más infame y canallesco que yo pueda imaginar para maldecir al eje responsable de que ahora mismo en Bassora más de un millón de personas estén sin agua corriente ni potable, sobre un lodazal de epidemia que lleva a los niños a morir de cólera, como racimos en brazos de sus madres, mascotas de muerte yanqui, en hospitales desnudos de todo bien.
Tampoco es sufrible el Kamasutra en huída, dislógico de excusas plúmbeas y soceces, que dedica ahora el gobierno español al asesinato de tres españoles en Marruecos. Como digo, quien teme a las bombas debería temer antes ciertas sinrazones.
Iñaki Desormais
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