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Los bueyes de la violencia
Esos terneros de la violencia aparecidos en Madrid para romper cosas a favor de la guerra, salen de los zulos y carpetas del gobierno, son enviados de la DES-inteligencia bruta de los servicios correspondientes. Quizá procedan de alguna cepa hibernada en inolvidables sótanos de la propia Puerta del Sol, o desciendan de los primigenios revientabarrios y espías de gimnasio que Carrero Blanco tenía albergados en una subdirección de la Presidencia del Gobierno en la calle Ferraz (2º y 3º pisos, creo recordar, yo me equivoqué de botón en el ascensor, iba al cuarto, y quizá no me dispararon porque entonces yo llevaba corbata y no barba, pero los ví, los ví).
Estos mini-violentos actuales son pelamingas de usar y tirar, comparsas de cámara oculta, atracadores de jubilados vendedores del cupón, y no me cansaré de recomendar que se visiten las 200 páginas centrales de Harlot, novela de Norman Mailer, equivalentes a un manual para oblatos y agentes en media jornada que lo mismo te organizan la borroka jarraitu arriba del Ebro, que en épocas a medio gas crean en serie peñas deportivas de bar o llevan manadas de pavos con un palito por Navidad.
La coyuntura de la aparición de tales terneros de lucha urbana en los escenarios de la capital puede ser pura coincidencia con el anticonstitucional repostaje en vuelo sobre Barcelona, Bilbao, y Pamplona de los bombarderos contra Irak, u obedecer a que al gobierno le dan escalofríos de pensar que la calle no es suya y está llena de gentes con toda la razón. En Navarra grupos tales están caducando, tras 15 años de crear (a una con información y autoridades) un ambiente que nunca existió; su última hazaña fue la ñoñez de provocar a los guardias y ayudar a la alcaldesa pamplonica a despreciar a la gente responsable y pacífica, y sacar adelante un aparcamiento en el cuadrado corazón de la ciudad, enterrando milenios de restos históricos sin pecedentes en Navarra entera.
En cuanto al ministro de interior y \'proporcionalidad\', que explique \'él\' la presencia de violentos no uniformados, y la mala saña esgrimida y descargada por sus encasquetadas huestes, y que expulse ya y expediente despues a ese guardia histérico, psicópata y misógino que mientras una mujer pedía auxilio cortesmente a una patrulla para ayudar a otra mujer inerte en el suelo, llegó de través y le dió un porrazo como para matar a un buey. Y si matamos los bueyes, ¿quién va a gobernar este país, sólo Bush?.
Iñaki Desormais
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