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A Amena, libre como el mar
Oh! Amena, si yo fuera más pudiente y tu más sincera,
todo serian alegrías y dichas, y el mundo que nos rodea,
seria más un gozo que una desdicha, que una triste tristeza.
Oh! que pena, ver como quieres engañarme, ver tu descaro,
ver tu factura que ante los ojos del mismo Dios no tiene vergüenza.
¿cómo puedes decirme que tanto hablé por ti?
¿cómo puedes decirme que hice tanto uso de tu virtud?
Me acusas de hablar por ti, ¡incluso por duplicado!
si si, me acusas de no solo hacer muchas llamadas inciertas, por que tu ya sabes que traición no guardo para ti, sino también que estas inciertas llamadas que son, son tales porque Dios no quiso que pudiéramos hacer dos faenas en dos lugares diferentes, ni que haciendo una llamada y en el transcurso de esta, pudiéramos iniciar otra de la misma empresa.
De todos modos, sé que me engañas, ¿como puede ser que yo llamara tanto y disfrutara tanto de tus servicios? servicios honestos, mal la gente que te rodea. En el caso que hayas querido apoderarte de mis dineros, sabes que estos siempre fueron para ti, pero no me los quites para poner en otro la miel en su boca. Ay! boca, bocas... cuantas tuve sin darme cuenta, a cientos, a miles, hablaron por Amena. Y yo sin darme cuenta de tanta boca. Mejor uso le habría dado y menos caro hubiera ido la cosa. Pero lo más caro, es que no me digas como fue. Y por qué arte de la ciencia que mide las cuestiones del tiempo y su quehaceres, pude llamar por teléfono y hacer dos llamadas al mismo tiempo. Necesité dos bocas, cuatro orejas y muy finas, cuatro pies, dos cabezas, ay! ¡que me trague la tierra! también entre las piernas todo uno se contaba por dos y todo dos por cuatro, ¡que fiesta! dos llamadas en un solo momento y con un solo teléfono. Lo que más me duele no es la factura de 40.000 pts. Es toda esa cantidad de llamadas que hice según tu, Amena y no disfruté. Y esos mágicos momentos en que las llamadas las hacia por duplicado y en el mismo momento, allí podría haber hecho otras cosas de la misma suerte, de más placer o de más nobleza.
Y ahora, no quieres hablarme tú, te llamo y no me contestas... dejo mensajes a tus criadas, y no me llegan tus respuestas. ¿Es que me tienes miedo? ¿es que el amor nuestro ha sufrido por esta sinrazón de extraña factura de 267 euros?
Sé que me amaste y ahora me odias, querrás verme sufrir y espero que ¡no dos sufrimientos al mismo momento! Aunque viniendo de ti todo lo incierto en cierto se convierte y todo lo cierto se pone en duda tras tu factura.
Espero que esta carta de amor y de queja, la entienda tu razón para que me llames y me cuentes como haces eso de las llamadas, para que podamos vivir una apasionada velada con placeres dobles y triples al mismo momento y con mucha cantidad de lo que hiciéramos, así como la factura que tu imaginaste. Más si todo es tan a lo grande como tus facturas y todo es tan “dos en un mismo momento”, podría ser que tu artes amatorias fueran del mismo calibre, y supieras perdonarme y me llamaras Amenita.
Y procura que sea una sola llamada en un solo momento, por que si bien es cierto, que puedo llamar en el mismo momento dos llamadas, no sé si sabré contestar al mismo tiempo dos llamadas diferentes en un mismo momento. Ya que no es lo mismo dar por partida doble, que te den dos al mismo sufrido tiempo, porque uno es de placer sabido y del segundo no tiene ganas de contarse.
Espero tu llamada Amena, ay! Amena, hazlo y seremos libres, libres como el mar.
Joan Miquel Romero Vich.
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