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Papeletas chinas
Las papeletas de las próximas elecciones serán ideogramas chinos, antiguo trabajo mandarín, sin letra ni nombre alguno; que cada cual deposite la que le guste según criterio directo, igual, libre y secreto y luego ya dirá la tele si ha ganado la del dragón, la del gato o la rata, etc… y cada cual sabrá si su gusto político ha quedado en primera o quinta posición. Esto tiene la ventaja ecológica de que no hay que incinerar las papeletas, que pueden coleccionarse, exhibirse, exportarse, reciclarse o guardarse intactas para sucesivos comicios.
La democracia actual desintegró el humanismo y el americanismo fue su recambio, de modo que ya no mola la tribu romántica (peligro germanoide intenso) ni la ilustración gabacha, que se ha quedado más cursi que los peluquines con huesos de santo en las sienes. Pero el americanismo vigente anda regulín, \'a nivel de\' sobornos y cambalaches aritméticos, es preciso purificar los cómputos.
El americanismo fue el primero en poner los pies sobre la mesa del profesor, convertir al alumno en un tiazo que vale por sí mismo sin contaminación de saber alguno, los niños demócratas dan de patadas en la espinilla a las visitas, lo democrático exige desarraigo total, negar cultura y herencia, ser como la hierba un ciudadano del mundo sin más título que su apodo, un atlético rey cansado de ejercer el cargo, alguien que por su innata presencia no es menos que cualquier otro genio mundial de algo, el vaquero es un radical demócrata que nace incorporado a todo lo universal y no necesita rebajarse a aprender ni su propio idioma.
La cosa es cabal, tan cansos son los papas como Voltaire, un sandwhich triple es mejor que una comida de tres platos en restaurant, por què no rascarse eczemas y pruritos reales o no, en público, sobra todo evento, uso y tradición que no sean del día, mejor si aún no han salido a la venta. Todo esto es perfecto, pero la democracia halaga poco a sus jóvenes, y las soluciones propuestas son la bomba de plastas, inviables por laboriosas: hacer un referendum cada mes por internet para renovar el gobierno, o votar las leyes desde casa; menudo coñazo, absentismo total a domicilio, eso en las parroquias para las viejas, para qué estofar estufas, apliquemos ya la papeleta china mandarina y a correr.
Esa papeleta respeta la voluntad del votante sin acecharle con remordimientos por lo que rompan luego los electos, no más disputas por promesas incumplidas. Tambien es saludable para los votados saber que sus electores les elegían pero sin compromisos, así que vengan mareas negras y chernobyles, tangentes y desfalcos, todos en su sitio. Papeleta china es voluntad y azar fifty/fifty, democracia progresiva, superguay. Abajo los superdotados, viva la nueva democracia radical sin letras.
Iñaki Desormais
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