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Mutuamente obtusos
El Estado-Gobierno es un aprendiz de meteorólogo, loco de contento cuando sus partes influyen en el tiempo que hace. De momento no sabe aportar buen tiempo, pero trae muy bien las tormentas, a la mano.
No condenar asesinatos es inhumanidad feroz, y además echa el cerrojo a la incomunicación, que es la tragedia básica de la política vasca. Pero aprovechar que los inhumanos aprietan los dientes para callar (y seguir como extraños a todo mientras no se les dé la luna) es igualar y superar con muchos instrumentos su inhumanidad, reciclando su \"basura humana\" en operación política ni clara ni segura, cuya formulación jurídica obliga a pisarse la toga, y convierte al pueblo español en un mal informado tribunal de Pancho Villa.
Con estas cosas el derecho pasa del encefalograma plano a ceniza en el viento. Llamaría poderosamente la atención lo mal que lo hace todo HB para sí misma y contra toda misericordia, si el Estado-Gobierno no lo hiciera igual de mal pero a costa de toda España. Para inmovilizar a la hormiga ha de estarse quieto todo el elefante. Lastimosa desproporción multilateral y colateral.
Nuestros heróicos gobernantes tiran el muñecote al agua y salpican a todos los demás. Basta ver las declaraciones sobre todo esto, del presidente de la Asociación Profesional de la Magistratura: un sufridero jurídico de mil espantos.
Predicadores ateos y jueces aficionados al derecho plastilina, malamente verbalizado, matan lo que pretenderían alimentar. Pontifican según de qué lado se le queme la tortilla a su señor, y ponen y ponen rey.
Estado y tribu, uno cose sin hilo y otra sin aguja, pero el zurcido está ahí: Eterno o peor.
Iñaki Desormais
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