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Castigo y crimen.
Es cavernario decidir batallas o toma de ciudades por el vuelo de las cornejas, pero que todo el mundo escrutara (¿escrotara?) en la tele las pacíficas felaciones de oficina de aquel presidente, o ver bombardear países y hospitales con cabezas nucleares tambien es bestialidad precientífica. El uso de la ciencia sigue siendo un problema extracientífico, metaindividual, y es paradójico que el lenguaje matemático que impide la ciencia a las masas, tambien engañe a la ciencia cuando ignora los efectos colaterales de su acción sobre la sociedad profana. El hoyo de arena aisla al avestruz pero no lo borra del mapa.
La ciencia nos devuelve a lo increible, a una vertiginosa realidad-leyenda, el relativismo físico exige más fe que todo el credo. La edad media de fe, herejía, inquisición y hoguera teocrática resulta descreida y libertaria comparada con el cinismo "per se" de una central nuclear. Incluso los átomos para la paz o las vacunas han robado carteras a veces.
La lucidez humana queda tuerta y unilateral sin física moderna, los bueyes vuelan pero son invisibles, la vida es una diapositiva de usar y tirar, la belleza es el maná de anónimos demonios, las bombas las ponen los parlamentos procesionalmente, y la naturaleza se calza las bragas encima de los pantalones como Madona y cualquier borracha portuaria.
Mucha física ultramoderna fracasa cuando nadie atiende los gritos de un viejo ascensor parado.
Roto por la relatividad el tiempo, que no tiene cuerpo, los castigos y premios de estar vivo se aplican directamente. Luego, si les place a los capitostes definirán complacidos los crímenes que se les ocurran.
Iñaki Desormais
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