|
La incapacidad del sistema "capitalista"
La confusión o falta de nitidez al plantear problemáticas, es un signo más de la incapacidad del sistema "capitalista" para enfrentarse a los conflictos que plantea el desarrollo social. Una de sus características es la incapacidad para clasificar los componentes de nuestras presentes estructuras de la sociedad. Por ejemplo, se habla de la primacía, en los actuales enfoques del neoliberalismo, de lo económico sobre lo político, cuando siempre ha sido más que evidente que son los poderes económicos los que rigen la manera política de gobernarse y, al menos que cambiemos el sentido de los conceptos y, con ello, de las palabras, "política" debería ser el "arte" de bien administrar los asuntos de un colectivo social, ciudad, nación, imperio o planeta; es decir, es la manera de crear riquezas y su distribución lo que condiciona la forma en que éstas son utilizadas.
La economía, pues, determina, en una escala de valores éticos, lo que debería ser justo y correcto. Si quienes producen la riqueza que permite el desarrollo social no son compensados en la totalidad de su esfuerzo es evidente que la economía actúa mal, es decir, sustrae, "roba" una parte de la riqueza creada sin justificación moral que la respalde; es decir, se realiza una política impuesta de abusiva explotación con efectos cada vez más degradantes, como se ha demostrado con las reacciones de los pueblos injustamente explotados por el actual estado del capitalismo y el fracaso del neoliberalismo y su marca, su "logo", o sea, la expresión más aguda del capitalismo: el "imperialismo", que, vergonzosamente, denominan globalización. Lo contrario sería reconocer, de aplicarse el adjetivo correcto, que los marxistas tenemos (como así es objetivamente) Razón, la razón.
En efecto, reemplazar la política por la tecnocracia, cuando se hace de los factores económicos no uso, sino abuso, las contradicciones del sistema se exacerban y, aún que se intenten "parcheos" como los de sus recambios "socialdemócratas" y el estado del bien estar (mal) el sistema se ahoga en sus propias contradicciones, se atasca y revienta. El último de estos ejemplos ha sido, desgraciadamente, "Las Torres" que, con sus víctimas, son un cruel preaviso de lo erróneo de una política donde se desprecian los intereses de la mayoría, soslayando todos los códigos más elementales de quienes pretenden tenerlos; sea bajo una óptica filosófica, religiosa o de la más elemental convivencia.
Entramos, por pura lógica, en lo realmente esencial, lo que nos toca como componentes coloniales del Estado español: las privatizaciones. Éstas se definen negativamente,en lo que nos concierne, empresas privadas y, más aún, cuando atañen a sectores de interés público. Van a lo suyo, (base de la política económica neoliberales) es decir, a la rentabilidad, la cual resta eficacia (publica), por tacañería, al resultado final de cualquier política financiera. La sola manera de aumentar los beneficios es la de reducir los costes, lo que implica una limitación negativa de los servicios. Para mejorar el bien público hay que disponer de una estructura en el marco de un estado cuya economía aplique una política de justicia social en la que prime el interés de la mayoría. Es decir, que se cambie el concepto de propiedad y el interés de lo privado se pliegue al interés público, con una administración de rigor ético inexorable en la preservación de dichos intereses. Y estos conceptos nos llevan a que, si ello es justo a nivel social, mucho más debe serlo para las naciones, para terminar con el sometimiento y explotación entre ellas.
Apuntamos a la relación Estado español Nación canaria, quienes sufrimos un oprobioso sometimiento de quienes dicen ser respetuosos con la DEMOCRACIA.
El hecho concreto es que frente a las contradicciones, cada vez más agudas, no hay respuesta política que conlleve una actitud positiva.
Nuestra clase política enuncia actos que podrían vislumbrarse como esperanzadores, pero los hechos de conjunto están ahí; la mediocridad y una envergadura que no corresponde al necesario brío para enfrentarse a lo que debemos poner fin, antes de que nuestra nave se vea arrastrada a límites donde las soluciones involucren un clímax de indeseables violencias.
Los triunfalismos están siendo invalidados por las duras realidades, donde las soluciones pasan por la cordura de poner fin a 550 años de injusticias. Hemos sido siempre mayores de edad, y nos somete un pueblo cuyas evidencias de inmadurez y contradicciones han sido la constante en su historia.
Por una vez actúen de acuerdo con lo que vienen proclamando. Respeten la libertad de nuestro pueblo y territorio. La antinomia democracia-colonialismo del Estado español no podemos ni tenemos que soportarla. Sean respetuosos, descarten el cinismo como norma política. Esto será, sin duda, mucho más rentable para un conflicto al que las NN.UU. y el comité de los 24 debieran enfrentarse.
A la seguridad y la mundialización, de la cual todos se reclaman, hay que buscarle las vías apropiadas, y ello pasa por la libertad de la Nación canaria y el pleno derecho y usufructo de nuestro marco territorial y de las riquezas que nos arrebatan abusivamente a través de sus mecanismos coloniales. La primacía de lo privado, en nuestro caso, acentúa la presión colonial, no favorece y va en contra del desarrollo privado de lo criollo, de las libertades democráticas y de nuestros derechos fundamentales, y cierra nuestro horizonte, a la esperanza justa, de ser libres e Independientes.
Elio Rodríguez-Figueroa
|
enviar |
tu opinión |
imprimir |
|