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Desconcierto, "Democracia" y "Terrorismo"
Tener las cosas claras nunca fue fácil. Hoy, el ceremonial de la confusión está servido. Nadie sabe cual es el primer plato, la globalización o desarrollo de la etapa superior del capitalismo, el imperialismo. Éste tiene carta de ciudadanía desde el infausto 11 de septiembre, desgraciada y lamentable cortina de humo de una de las peores recesiones que periódicamente sufre el peor de los sistemas que han azotado a las soecidades en este planeta, esto es, el capitalismo. Y, como siempre, su solución es la guerra.
Nosotros, en nuestro modesto Archipiélago, sufrimos el impacto de tanta prepotencia en todas sus variantes. Una de las peores es el desdibujarse de las reglas del juego político, alejándose de conceptos básicos en el gobierno de los intereses y bienestar del pueblo. Digo bien, de nuestro pueblo y no de los privilegiados por el colonialismo y el propio sistema. A ello se une sus cómplices de esa farsa ideológica que llaman Socialdemocracia.
Se pretende ignorar la lucha ideológica, pero cuando se tergiversa o desvirtúa la ética y sus valores en política, éstos se difuminan y corrompen. Esto es una tradición de confusión y de rodeos en los hábitos éticos, morales y filosóficos de lo que ha sido, hasta el presenta, la llamada civilización occidental. E, insisto, es características propia del enfoque social y político del sistema capitalista y sus proyecciones globalizadoras, donde el practicar política no tiene porque tomar en cuenta principios éticos o principios morales, si ellos estorban su "política". Intrínsicamente, bajo este aspecto, política y principios éticos son incompatibles. Se impone el cinismo como herramienta para administrar los intereses sociales y hacer lo que se llama política hoy, que no es otra cosa que la práctica asidua de la corrupción y la defensa de intereses de grupo o familias, menospreciando los intereses básicos de lo que debe ser el ejercicio de la misma, pues se supone que son el resultado de la práctica de la llamada "Democracia", término de moda en boca de las fuerzas más deturpadoras, que desgastan el noble sentido del mismo término, usando ésta como tapadera a sus ilícitos intereses, hacienco caso omiso del conjunto, lo que estarían obligados a cuidar y defender.
Señalamos, acentuándolo, el cinismo político de los socialdemócratas que justifican distanciamentos ideológicos de los intereses populares que dicen defender y que traicionan constamente, sin sonrrojos y con pactos reaccionarios que van contra los intereses progresistas de los pueblos.
Después del 11/9/2001, se intenta "cínicamente" justificar una represión que engloba todo aquello que no sirva a sus intereses reaccionarios, corruptos y profundamente injustos. Se habla de terrorismo y se incluye no sólo a unos fanáticos, cuyo ideario no compartimos en absoluto, sino a aquellos que siempre luchamos por valores reales, no de la "democracia" no formal, sino de aquella coherente con los intereses de los pueblos; la real, la que suprime injustos privilegios, la que elimina la injusticia social y las carencias de todo tipo de derechos elementales para la educación, la sanidad, la vivienda y aquél básico e inalienable que es el derecho a ser libres e independientes.
Nos hacemos solidarios al marcar la diferencia entre quienes atacan seres indefensos y aquellos que utilizan la violencia para defenderse de la opresión y del colonialismo. Y esto incluye a la Nación canaria; al menos que encontremos interlocutores válidos y que crean en la democracia real para poner fin al Colonialismo imperante en nuestro territorio con el apoyo de esa clase política cínica y distanciada de toda escala de valores éticos y de sana moral que incluye como perjudicados a quienes fueron votados por los canarios para que nuestros intereses sean liberados de la lacra colonial que nos asficia, no sólo en lo económico sino, muy particularmente, en nuestr bien más preciado: las raíces de nuestro patrimonio idiosincrático y cultural.
Hay en estos días quienes, una vez más, pretenden darnos leccions de patriotismo e indicarnos donde están los amigos de quienes luchamos por el fin del colonialismo. Nuestros amigos, sin rechazar a ningún pueblo, serán siempre aquellos que no oprimen, ni a su pueblo ni a terceros. Al respecto, sí cabe señalar la habitual falta de ética política en sus actos.
Elio Rodríguez-Figueroa
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