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Nacionalismo y nacionalistas
Por Elio Rodríguez-Figueroa.
La nación se crea por la relación que se establece, material y espiritualmente, entre los pobladores de un territorio: su lengua, sus peculiaridades, nexos culturales, maneras de vivir, sus hábitos, etc. Pero lo esencial es su organización para crear riqueza social, base estructural de los múltiples aspectos que encuadran la filosofía de sus hombres y mujeres -ente social, esencialmente-. Las relaciones que se derivan de sus relaciones económicas, son las que dan lugar a un estilo político (cómo administrar los bienes comunes) y las líneas generales de la estructura (que los condiciona) y las superestructuras que marcan o afianzan las diferencias de clases. Ignorar lo esencial es tomar, una vez más, nuestros deseos por realidades. La nación y su expresión política dependen de como esté organizado el trabajo, la producción y la distribución de las riquezas creadas.
Los seres humanos, antes de ser nación, intentaron ser solidarios para enfrentarse a sus necesidades más perentorias: comer, defenderse o atacar. La nación aparece a partir del momento que socialmente el desarrollo económico la hace necesaria, al tiempo que las contradicciones económicas imponen alianzas y rupturas. Este es el caso de nuestra Nación canaria.
Las contradicciones económicas entre un sistema colonial (España), que aprisiona y limita nuestro desarrollo (los múltiples peajes que Madrid nos impone) y la lógica del sistema capitalista en el que estamos inmersos (esto es lo real) que obliga al poseedor de las riquezas y a quienes las producen a enfrentarse con quien intenta limitarlo, pues perjudica sus interés en la colonia, la Nación Canaria, la milenaria, que busca en su Independencia el camino de su propio desarrollo, sean cuales fueran sus estructuras y, en este caso, el nivel de desarrollo. Insisto, dentro de la mecánica de un sistema que siendo impuesto no por eso deja de ser nuestra actual realidad que esperamos poder cambiar en un próximo futuro.
Nacionalistas, pues, los hay de derecha, de centro y de izquierda, y lo que sería deseable es que asuman la necesidad de la unión para crear una Canarias libre. Lo que daría históricamente la oportunidad de crear un colectivo social, dentro de una Canarias como nación Independiente. Más justa al distribuir las riquezas y, desde luego, fuera cual fuera la clase social predominante más rentable para el conjunto. Reducir el nacionalismo a una identidad uniforme es una metáfora difícil de asumir; deseable si tuviera como base una filosofía política progresista, pero actualmente es dominio de una utopía perjudicial, pues nos llevaría a un frenazo táctico camino de nuestra estrategia que es la Independencia.
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