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El engaño como arma
Por Pedro González.
La creación de los diferentes medios que gustan en catalogarse como alternativos, no esperábamos que fuera tarea fácil. Si embargo, cuando más nos adentramos en cada proyecto, más se evidencian los obstáculos que se interponen en nuestro camino. España es un país que ha cantado orgullosa su historia de conquistas e invasiones, las gestas que fraguaron su imperio, sin omitir ni sonrojarse cuando se alegaron rastreros engaños que acabaron con pueblos enteros. Lo cierto es que el nuevo prototipo de colonialismo español llega cargado de fáciles argumentos, elaborados conscientemente para una asimilación simple, dirigido a la población con el nivel cultural que se ha venido fraguando hace décadas. Otros engaños. Continuos engaños son engendrados por el pensamiento de estado, para asentar unas bases políticas que se confunden entre la vulgaridad y el parrandeo; pero que son harto eficaces al utilizar las vías informativas oficiales, como voceros de las consideradas “verdades indiscutibles”que todo ciudadano utiliza alegremente en sus conversaciones de bar. Abrir hueco entre ellos no es tarea fácil. De hecho siguen habiendo periodistas detenidos en España por expresarse fuera de sus cánones. Su periodismo testimonial, esta lleno de intencionados vacíos, llenos de juegos con las cifras, de manipulación de la estadística y de momentos oportunos e inoportunos. Sus medios, rebosantes de mercaderes y sicarios, de intereses económicos que mediatizan cualquier cosa sin reparo para lanzarla a la calle creando las corrientes de opinión prepactadas y consensuadas. Y no están dispuestos a ceder esas parcelas de poder. Llevan décadas deformando a la población. Al frente de los de imagen, esgrimen sus caras bonitas, demostrando que por ellas no corre sangre en el momento de hacer la lectura indicada. Nos someten varias veces al día a idéntico comentario de la misma noticia, sin aportar enriquecimiento de la misma. En los medios radiofónicos, se vuelve a calcar el anterior parte, sin permitir alguna alegación que sobrepase lo gracioso o comentarios asequibles para todos los que comparten “razones de estado”. Muchas veces brutales comentarios. Con las llamadas corrientes de opinión que se crean a posta, consiguen realmente una contaminación ideológica que desvía a la ciudadanía de la realidad social. Allanando la entrada del discurso de la política amarilla que se practica en el archipiélago y puede considerarse de ligera digestión. Cada intento de hacer otra cosa, les mina su terreno de trabajo. Y duele. Pero es que además cada vez que se aporte un mínimo de seriedad, profesionalidad, independencia, estamos aportando cultura. Por que la cultura que nos falta, es la cultura de la verdad. Y la verdad es dura a veces. Podríamos haber dicho tres mil, en vez de mil; o seis, en vez de tres. Pero lo cierto es que lo que decimos lo hacemos después de cotejar varias fuentes. Lo hacemos después de meter la nariz donde no lo hace nadie, en ocasiones, con métodos que no se enseñan en la universidad; por que luchamos contra corriente. Pero no encontrarás a nadie con más seguridad, que quién se afirma en la verdad para hacer progresar al sistema y con él a la humanidad.
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