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Opinión, 22-06-2005

Conejero, ¡cuida tu tierra!

Me gustaría aprovechar el espacio que nos brindan generosamente a los lectores para comentar una noticia del número 411 de La Isla, a propósito de las propuestas de los empresarios para frenar la supuesta crisis turística que se nos viene encima (página 13). Evidentemente cualquier especialista en el tema, cualquier diplomado en turismo, nos podría iluminar y apelo a otros lectores de la isla a dar su parecer en este sentido. Entre tanto me gustaría aportar mi humilde opinión.

En general encuentro una falta total de coherencia en el proyecto que se nos propone. Creo que en vez de de estimular un crecimiento estúpido y desordenado nos conviene tener la cabeza fría y los pies en la tierra, y preguntarnos: ¿qué vendemos? ¿Cómo es este “producto” que queremos vender que se llama Lanzarote (sin olvidar que para muchos este “producto” es además un hogar, una familia, unas raíces)? Se trata de crear algo con sentido. ¿Qué puede atraer a un turista para que este pague muchísimo dinero y emplee horas en desplazamientos en avión? Evidentemente, no podemos crear una oferta que ya existe. Según la lógica de Rafael Lasso, a Lanzarote le conviene invertir en un Loro Park, campos de golf y puertos deportivos. Ya puestos a añadir atractivos a la isla podríamos construir una Torre de Pisa, plazas de toros, los moais de la Isla de Pascua, una pista de esquí y reproducir en Puerto del Carmen la Plaza Roja de Moscú. Pero como es evidente, los atractivos turísticos de otros lugares, que atraen con razón a miles de personas, no tienen por qué convenirnos a nosotros y a nuestro “producto”. Por fortuna en Lanzarote no hay ninguna “total carencia de ofertas atractivas para el turista”(sic). Millones de personas invierten su tiempo y su dinero en venir a una isla pequeña y que no les queda precisamente a mano: algo tendrá la isla cuando por sí misma, y sin necesidad de Loro Park (que en sí mismo ya es una idea muy vista, fuera de moda y bastante hortera), les induce a moverse. En mi opinión, al “producto Lanzarote”, si quiere competir o superar a sus contrincantes le conviene diferenciarse y no parecerse las otras islas del archipiélago. Lanzarote tiene éxito como destino turístico, como he podido comprobar frecuentemente, porque es diferente, porque es única. Cualquier propuesta que quiera tener éxito debe estar en la línea de lo que ya es Lanzarote, mejorar y acentuar sus encantos. ¿Qué es Lanzarote? Lanzarote es ante todo “Reserva de la Biosfera” y además “Naturaleza Cálida”, así que está bastante claro que ni los loros enjaulados, ni los campos de golf de césped artificial, ni mucho menos los puertos deportivos figuran en esa línea. Estas cosas las encuentran los turistas en Baleares, en Niza, Mónaco y Marbella, que para ellos es más chic, más barato y más cerca. Lanzarote debe aprovechar su belleza intrínseca, su clima agradable, sus parques naturales, la riqueza de su flora y su fauna (que por desgracia entra en conflicto con los dichosos puertos deportivos) e incluso sacar provecho al viento, y, sí, por qué no, a su cultura y sus gentes: ¿por qué no potenciar deportes como el windsurf, el ciclismo, el submarinismo? Son ideales: aprovechan los recursos que tenemos naturalmente y no exigen costosas instalaciones. Podemos ampliar nuestra oferta turística, pero en un modo coherente (y hasta elegante) en concordancia con lo que ya hay, usando nuestros recursos en un modo inteligente y práctico. ¡Lo que no me parece normal es que tengamos que crear césped para campos de golf en una isla sin agua y enjaular loros en la patria de los canarios! (Y espero que este comentario no sugiera a nadie la idea de hacer un Canary Park). La riqueza de esta isla, como todos sabemos y pocos admiten, la han hecho los campos, pero no los de golf, sino los de la viña -y sus creadores, que los han levantado con sus manos y su sudor, continúan sin recibir la mínima ganancia por su obra maestra de la ingeniería. La riqueza es una obra artística, la de César Manrique (y no exclusivamente: véase Palacio Spínola, Casa de los Cerdeña, Casa de los Arroyo, castillos varios y demás), un parque nacional y varios parques naturales, entre otros. Se trata de un producto único de enorme valor que se vería incluso en peligro al contacto con estos otros elementos turísticos, mucho menos originales, y que normalmente se asocian a una cultura globalizadora de masas, que no tienen nada que ver con lo que ofrecemos. Las nuevas atracciones turísticas no son necesariamente para una mejora: también pueden tener estropear lo que ya tenemos. ¡Debemos inventar nuestro modelo turístico sin complejos y sin miedos!

Evidentemente, podemos crear nuevos atractivos, pero lo esencial es usar la lógica y la imaginación, criterio y buen gusto. ¿Un ejemplo? El Jardín de Cactus: es una oferta absolutamente original, que aprovecha plenamente los recursos naturales y las infraestructuras precedentes, e incluso forma un todo único con Guatiza y los parajes de los alrededores. Es un parque donde se dan la mano la cultura, la naturaleza, la belleza, la originalidad y, sobre todo, podemos reconocer la identidad de Lanzarote en él. Y siendo una propuesta arriesgada tiene mucho éxito: pregúntenle a Berlusconi. Creemos sobre lo que tenemos. En ese sentido, el carril bici no se contradice, al contrario, es una idea brillante. Evidentemente hay que invertir en la mejora de las carreteras, la sanidad y la seguridad. Lo que está claro es que no podemos “vender humo” (sic) pero tampoco cemento, porque claramente no encontraremos a nadie que lo compre.

Eliana Cabrera Silvera.


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