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La vuelta al cole
Por Myriam Ybot.
Se aproxima peligrosamente la vuelta al cole y los anuncios del Corte Inglés me pescan con el corazón dividido. Iniciar el periodo escolar supone para mi familia un agradable retorno a la rutina, interrumpida por el siempre agitado verano. Vuelta a saltar de la cama a golpe de estridente despertador, vuelta a programar comidas y cenas, adiós a la improvisación y a las montañas de ropa para lavar... Pero sobre todo, vuelta a disfrutar -o a sufrir según los casos-, de un estricto horario, el que marca el inicio y el fin de las clases mañaneras y el inicio y el fin de las actividades extraescolares vespertinas. No me disgusta, más bien aprovecho para poner un poco de orden a mi alrededor. Y como a la colegiala nata que es mi hija le chifla el cole, se entiende con sus compañeros y compañeras y está enamorada de su maestra, -bendita Belén, cómo lo hará con 20 chinijos-, pues miel sobre hojuelas, todos contentos.
Pero... ¿Qué pasa con los comedores escolares? Algo he oído de que, poco a poco, se van instalando en los colegios de Arrecife; desgraciadamente, al de mi barrio no han llegado. Como usuaria durante mi infancia de uno de ellos, pienso que, además de dar cierto margen a los padres trabajadores, tienen un componente educativo importante, al enseñar a los pequeños a eso que a veces nos cuesta tanto: comer de todo. Por alguna razón que desconozco, mi hija tuvo una mención especial en sus notas de fin de curso, en el apartado "mantiene limpia y recogida el aula"; yo, si tengo que puntuar sobre su habitación, le hubiera colocado un cero patatero. Y aunque no puedo quejarme de su excelente apetito, seguro que hay cientos de niños y niñas melindrosos a los que les vendría bien comer "en equipo".
La caza y captura de actividades extraescolares que ofrezcan entretenimiento y formación a los más pequeños y permitan a papá y mamá mantener horarios laborales de jornada completa se convierte también en estas fechas en ardua tarea. Si a partir de los 5 años las cosas se facilitan, los estudiantes de 3 y 4 años lo suelen tener crudo, salvo que sus progenitores opten por tirar de talonario y paguen academias y centros privados.
¿Quién dijo talonario? La parte más desagradable de la vuelta al cole es, inexorablemente cada año, la que afecta al bolsillo familiar. Entiendo que es una inversión imprescindible, un gasto inevitable, como la factura del teléfono o de la luz; sé que no es la partida en la que debo economizar pero siempre acaba erosionando el presupuesto. Consulto los datos en Internet y las cifras dan miedo. ¿Siete mil pesetas costaba el chandal? ¿y otras tantas las zapatillas de deporte? Por qué crecerán tan rápido, me pregunto. Como los babis del año pasado me los prestaron, ni idea tenía de que podían valer hasta 3.700 pesetas. El material escolar de todo el año, unas 15.000 si no recuerdo mal, ahí ni pensar en escatimar, pero, ¿sabes qué te digo?... ¡qué aguante con las mochilas del año pasado! Que educar en el rechazo al consumo compulsivo es una parte importante de la formación del niño y del aprendizaje diario de los adultos.
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