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¿Privatizar las fiestas? Vamos por partes
Por Myriam Ybot.
Mucho se está hablando en estos días sobre las declaraciones de la alcaldesa de Arrecife, María Isabel Déniz, sobre la futura "privatización" de los Carnavales y las fiestas de San Ginés. Y más de uno se pregunta por qué se montó entonces tremendo pollo con el paso de la gestión de Miss Lanzarote a una empresa privada, la sociedad Miss España, a la que se acusó de arrebatar con alevosía a la ciudad un certamen señero y de marcada tradición popular. Vamos por partes, que las cosas nunca son lo que parecen. Como me explica a la puerta del Ayuntamiento el infatigable Carmelo García Déniz, que ya anda embarcado en la organización de Dolores -¿es que nunca descansa este hombre?-, no se trata de privatizar las fiestas. Si la gente ha entendido que Cabildo y Ayuntamiento van a soltar la papa caliente de los festejos a una empresa, le van a dar las perras del presupuesto, y a correr que ancha es Castilla, nada más lejos de la realidad.
La posibilidad que anda estudiando desde hace tiempo el área de Cultura de la primera Corporación y a la que podría sumarse el Consistorio capitalino apunta al contrato de servicios a una empresa especializada. O lo que es lo mismo, yo (véase alcaldesa, véase concejal de Festejos ), organizo el programa de fiestas y decido la inversión; tú (empresa privada) contactas con el artista, me planteas el caché; yo (de nuevo autoridad municipal), acepto -o desestimo- la cifra; tú (otra vez empresario del sector relaciones públicas), te encargas de los traslados, del hotel (siempre, eso sí, el que yo decida). También te toca montar el escenario (con diseño pactado), subcontratar a los técnicos, montar la infraestructura". No me gusta llamarlo así, pero vamos, te responsabilizas del trabajo sucio. Sucio o limpio, pero bien remunerado, según el porcentaje que acordemos del gasto total.
¿Que a qué tanto rollo?. Muy fácil: los trabajadores de los departamentos de Cultura de Cabildo y Ayuntamiento dejarán de emplear horas de su trabajo en hacer de chófer de artistas invitados, de acompañantes a cenas de grupos folclóricos, de responsables de reservar habitaciones de hotel... Que las horas de un licenciado en Bellas Artes, pongamos por caso, cuestan al erario público más que las de un conductor y deben dedicarse a cuestiones más relevantes. Y los electricistas, bedeles y otros funcionarios de las administraciones insulares y locales, bastante tienen con lo que tienen.
En resumen, -María Isabel Déniz dixit-, se trata de controlar el gasto y de mejorar los servicios, sin que ello suponga más cambios en los programas que los que decida el Grupo de Gobierno. E igualmente, en el caso del Cabildo. Nadie nos va a arrebatar los festivales folclóricos ni los concursos de murgas, nadie va a decidir qué fiestas gustan a los lanzaroteños más que los propios lanzaroteños, ¿me explico? Espero que sí porque se lo prometí al consejero, quien aclaró amablemente mis dudas bajo un sol de justicia. Así da gusto.
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