Lanzarote Digital

Opinión, 02-04-2008

Robar no es malo si a cambio empichas los caminos...

En Lanzarote llevamos ya años con una corrupción socialmente aceptada. Basta citar algunos nombres como Dimas Martín, Miguel Martín o Juan Ramírez para ver lo que somos capaces de tolerar alegremente. Nadie ha dejado de votarles a pesar de que han sido condenados una, dos o más veces por todo tipo de delitos. A pesar de eso, ciertos partidos políticos siguen contando con el suficiente respaldo popular como para tener alcaldes, consejeros de cabildos, concejales y demás cargos públicos.

Luego vienen las lamentaciones, luego vienen también aquellos que se consideran llamados y escogidos a salvarnos de la corrupción crónica, latente y en expansión. Utilizan tanto los medios de comunicación de este país como las denuncias ante los tribunales y cuerpos de seguridad para combatir y sacar a la luz lo que consideran una lacra para nuestra isla. Y se les podría dar la razón y apoyar si realmente fueran consecuentes con su discurso.

Pero, lamentablemente, no lo son. O como se explica esa "costumbre" ya tan lanzaroteña y arraigada de gobernar con el partido que nació de la corrupción (acuérdense como Dimas logró romper la mayoría que había conseguido el candidato socialista en Teguise), creció con la corrupción y sigue siendo sinónimo de unas actuaciones "poco" lícitas.

Resulta grotesco. Por una parte gobierno y por otra los denuncio. Eso es ser, desde luego, muy consecuente y, sobre todo, moralmente muy aceptable. Y es que hay determinados señores que se creen que todos los demás son tontos o, por lo menos, algo ingenuos. No creo en la ingenuidad, creo, entre otras cosas, que un puesto de asesor es algo realmente apetecible, interesante y para muchos la única salida de la precariedad laboral. O por lo menos la única forma de evitar el regreso al puesto de trabajo (que nunca tuvo que haber dejado por el bien de la humanidad o, por lo menos, de Lanzarote).

No se puede secuestrar y domesticar partidos políticos con triquiñuelas y actuaciones al margen del juego democrático. Todo eso se paga, y se pagará muy caro. Ya lo dice el refrán popular: a cada baifo le llega su San Martín (o algo parecido).

No se debe ir de puro, de inmaculado por la vida, si uno tiene lo mismo que tapar que los demás. Y si no tiene nada que tapar, por lo menos que no se junte, no se asocie ni se beneficie indirectamente de actuaciones y prácticas más que dudosas de los demás. Al final todo se pega, todo salpica.

Gumersindo.


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