Lanzarote

La Barra.

Por Oscar Ortega.

El día menos pensado le prendo fuego a este garito. La verdad es que si no fuera porque más de media vida la he pasado en él y por que no hay nada en este mundo a lo que haya dedicado tantas horas, ya lo habría hecho. El caso es que en un tiempo ya muy lejano fue un sitio muy elegante a pesar de que el aspecto que tiene ahora pueda inducir a creer lo contrario, pero por aquí han pasado personas muy ilustres que sabían apreciar la atención que los tres camareros que tenía daban a todos los clientes.
Fueron años de tertulias, amoríos y conspiracioncs que se fraguaron en cada una de las mesas que por aquel entonces había. Más tarde acabé quitándolas porque al fin y al cabo ya nadie se sentaba en ellas, a los camareros también los tuve que echar, para estar mano sobre mano ya tenía bastante conmigo. En verdad que hace tanto tiempo de eso que ya casi no recuerdo ni el año, pero se que es cierto por las pocas fotos que aún cuelgan de las paredes y que en un testimonio mudo me dan la razón.
Lo que tampoco recuerdo fue cuando comenzó la cuesta abajo ni porqué. Se que coincidieron varias cosas, como mi separación, bueno más que separación abandono. Porque ella se largó con un fulano repeinado que mala vida espero que le haya dado. Fue de la noche a la mañana y me enteré por unos parroquianos que me dijeron en plan de mofa, que mejor la esperase sentado para no cansarme. Reconozco que perdí la cabeza y que además del juicio por lesiones a dos de ellos, también perdí como clientes a unos cuantos más. Pero no creo que fuese esa la razón de mi ocaso.
Tal vez pudo ser que el barrio empezó a trasformarse en una especie de refugio de desnutridos y malparidos que poco a poco fueron quitando la tranquilidad natural que había atraído a gente de otros lugares a pasear y divertirse por aquí. Son como la peste, van ganando terreno poco a poco hasta quedarse con todo y cuando lo consiguieron, el barrio pasó a ser dominio de chulos, prostitutas y disputas continuas. Yo al principio evité que entraran en el bar. Pero eso no contentó a los pocos clientes decentes que aún me quedaban, que veían un peligro llegar hasta dentro de él paseando por las calles que dominaban ellos. Así que cuando un día lo pasé entero completamente solo, y al final de la tarde entró una fulana vieja de nombre Violeta a pedirme un vaso de vino, aunque a disgusto, se lo puse.
Aquello ya fue la puerta abierta a la mierda humana más variopinta del barrio. Se acabaron los cócteles y el champán, los vinos de marca y el café de Colombia. Se acabó la buena educación y la pulcritud. Comenzó un deterioro físico y anímico acorde con los chatos de vino garrafón y cerveza de barril que ahora servía. El trato era violento y de continuas amenazas y las despedidas a los clientes no eran de acompañamiento a la puerta, si no de empujarles a través de ella.
Y para colmo no ganaba ni dos duros, pues los muy ruinas consumían lo justo para emborrachares de alcohol barato. Pero al menos no estaba solo ni ellos tampoco, y más de una tarde les acompañé en su trago amargo, hasta que de la tarde pasé al día y de hay, a todo el día. Y no es que me convirtiera en un borracho. Pero la desatención, la
baraja, y las peleas, vinieron como de la mano. Cerré una temporada intentando huir de la fantasmal vida en la que estaba envuelto, pero no aguanté mucho. Realmente no sabía dónde ir ni qué otra cosa podía hacer. Así que cuando volví, continué la rodada y caí en los brazos de Violeta hasta que se hizo tan vieja y borracha que ya no se valía ni para hablar.
Ahora la aguanto aquí desde que abro hasta la hora del cierre, lo cual hay veces que va unido, porque suelo quedarme a dormir en la barra sin ni siquiera echar el cierre. Total, quitando un par de botellas y unas sillas altas de barra, y, ¿qué van a querer robarme si ya
me lo han quitado todo? Si al menos “aquella” me hubiera reclamado la mitad cuando se largó, pues habríamos vendido el negocio en pleno auge y tendría dinero, pero la muy…… , me dejó todo, y eso es lo peor que hay, pues te das cuenta de que todo cuanto posees no es suficiente para despertar el deseo de una mujer para que continúe contigo. O lo que es peor, es como decirte que nada de lo que tú valoras, tiene ningún significado para ella.
Bueno creo que voy a irme a casa antes de que me vuelva a dormir encima de la barra .
-A ver Violeta lárgate para la calle que voy a cerrar.
-¡Jódete maricón, que eres un maricón!.
-Anda y camina que hoy no estoy para guasas, venga lárgate.
-Vale pero antes dame un beso si puedes, maricón.
-Y dale, venga, fuera.
-Capullo marica, si sólo puedes amenazarme a mí es porque de hombre ya no te queda nada.
– Que sí, que vale, pero aligera para la calle, a ver si hoy al menos aguntas un cliente.
– Me voy por no abrirte la cabeza, pero mañana te voy a matar so maricón.
Y así todos los días, aguantando esta mierda, les juro que cualquier día, le prendo fuego a este garito.

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